Haciendo honor a su nombre, inauguro aquí un pequeño rincón de encuentro, con el propósito de compartir mis pequeñas creaciones con todos aquellos que quieran acercarse. Darles rienda suelta a mis pequeño y sencillos poemas, para que sigan su curso: el de seguir provocando sensaciones, esta vez en tod@s y cada un@ de vosotr@s.
El primero de todos ellos, Poesía en el olvido, es con mucho el más significativo para mi. Cuando uno se imagina cómo pudo ser la experiencia del nacimiento de Atenea para su padre, Zeus: ese sentir algo , desde lo más profundo de tu alma, que emerge con su propia fuerza llegando a arrebatarte tu propia voluntad hasta el punto de que acabas convirtiéndote en mero vehículo a través del cual se materializa; así puedo describir aquel momento en el que de repente me encontré dando forma a estos versos. No llegó a ser tan doloroso, como para Zeus, pero sí de gran excitación por lo rápido y poderoso de lo mismo. Surgió íntegra, completa y acabada, en un solo movimiento. Y así ha permanecido desde el momento de su nacimiento, hace ya casi seis años.
Poesía en el olvido, en su esencia, encierra un canto a la liberación de las ataduras que muchas veces, aún sin saberlo, siguen actuando desde nuestro subconsciente. Es por ello que siempre va acompañada su letra del color verde. Es un respiro de aire fresco. Es con ella con la que quiero inaugurar este espacio, y con ella os dejo:
Poesía en el olvido
Madrid, 8 de febrero de 2004
Anoche sentí tus huellas
en un profundo ensueño.
Tus manos eran la brisa,
tus labios,
arroyo sediento que se desliza
sin prisa
con tu mirada...
...encontrabas,
blanca aurora,
mi cuerpo
y arribaste silenciosa
tu migratorio vuelo.
Fuiste huésped peregrino
como rayo del deshielo
que desciende,
-tus susurros-,
y desnuda,
-tu aliento-,
las colinas
sinuosas y escondidas
por un letargado invierno.
Y persistes en tu vuelo
de cielo, en cielo;
de sueño, en sueño;
de anidar en mi recuerdo
de haberte amado para olvidarte
y tras tu olvido...
seguir queriendo.
Anoche creí, dormida,
que no zarpaba el velero.
Noemi S.
