jueves, 12 de agosto de 2010

Soñé que era un árbol






Era se aquella vez en que soñé que era un árbol.
Que me elevaba sobre el asfalto,
con la vista puesta en las nubes,
extendiendo mis ramas muy alto.










Y llegó el día en el que el hombre se hizo árbol.
En un viaje de introspectiva,
lentamente orquestado, su mirada se tornó eterna; su semblante murmurara al viento, en un tiempo no tiempo, poco a poco enraizado.


Pino o cerezo. Roble, sauce o castaño. Fueran mis sienes otoñal follaje; y mi rostro, filigrana rústica de mixturas.
Así fuera forjado.


¿Quién pudiera explicar algo tan extraordinario?
La magia te transforma.
Cuan demiurgo, eres arcilla en sus manos.

Gracias, Frida: “Encantadora de sueños” que hizo posible por un día que yo fuera árbol.

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